Encuentro de Misión y Voluntariado en Bariloche

12 webSin dudas fue un viaje profundo para todos, no solo por el trabajo que fuimos a realizar si no también por los sentimientos encontrados y la convivencia diaria. En lo que fue la previa y el viaje de traslado hacia Bariloche, nos mantenía en vilo la ilusión que generaba conocer un lugar nuevo. Para la mayoría era la primera vez en aquella ciudad, y para otros también la primera experiencia de misión y voluntariado.

Dentro del grupo de quiénes participábamos nos encontrábamos jóvenes, hermanos y postulantes. Todos provenientes de distintas obras y comunidades del distrito Argentina-Paraguay, siendo de González Catán, Buenos Aires, Florida, San Martín, Malvinas Argentinas (Córdoba), Rosario y Capi´ibary (Paraguay).

El escenario resultaba paradisíaco. Rodeados por montañas y lagos extensos de agua cristalina que permitía vernos los pies cuando nos zambullíamos. Era como estar en una postal de calendario, de esos que solemos pegar en nuestras heladeras o colgar en el living de nuestras casas.

Nos mantenía también muy alertas la cuestión del brote del hantavirus. Nunca perdimos la calma, simplemente organizamos los recaudos que debíamos tomar en cuanto a limpieza y orden.

Los primeros dos días consistieron en recorrer y hacer turismo. Conocimos algunos de los famosos rincones de la ciudad que habíamos visto por fotos y relatos ajenos. Lo tomamos como un pantallazo general del entorno en el que nos moveríamos en los días subsiguientes.

Se suponía que el lunes empezaríamos el trabajo propuesto, a realizarse en El Bolsón. Si bien contábamos con las novedades del brote de hantavirus, no contábamos con que el gobierno municipal de El Bolsón ese mismo día declarase la emergencia inmunológica. Fue debut y despedida, así como llegamos a las pocas horas debimos irnos, por motivos lógicos de seguridad.

El tener que irnos nos generó  disconformidad y bronca, como también dolor. Disconformidad y bronca porque no pudimos ni empezar lo que nos habíamos planteado, y dolor porque pensábamos en la gente. Nosotros podíamos irnos, pero la gente, el verdadero pueblo que vive día y noche la realidad en esa zona, no. Nosotros podíamos irnos, pero dejábamos atrás a esa gente a la suerte del destino, corriendo con todos los riesgos. Nos fuimos a dormir con un sabor amargo.

Al día siguiente fuimos a visitar nuestro nuevo destino: El Frutillar, situado a algunos pocos kilómetros del Centro Cívico de Bariloche. El Padre Miguel, de la congregación salesiana, nos llevó a recorrer los barrios de la zona, sobre todo en el 29 de Septiembre, el cual sería uno de los lugares donde pondríamos nuestros esfuerzos. Nos dividimos en dos grupos: uno se quedó en el Centro Comunitario del 29 de Septiembre, donde realizaron trabajos de carpintería, orden y limpieza, mientras que el otro grupo fue hacia el barrio Nahuel Hue, para trabajar en conjunto con la comunidad de Hermanas Dominicas y su grupo de misioneras, quiénes nos recibieron con gran hospitalidad y con las que se pudieron compartir buenas jornadas de servicio social, en casas del barrio donde se hicieron trabajos de albañilería y desmalezamiento, como también de diálogo y acercamiento con los vecinos.

Fueron días de mucho trabajo y reflexión personal. Si bien volvíamos agotados a la casa, las imágenes diarias nos hacían pensar muchas cosas. En primer lugar, el grado de injusticia social, donde se notan las desigualdades en cuanto a las posibilidades de acceso a una vida digna. El hambre visible en las familias, la falta de presencia gubernamental y el olvido que esto representa en términos de políticas públicas.


Por otro lado, fue emocionante ver cómo la gente busca salir adelante. El nivel de organización en los propios barrios nos resultaba muy impresionante. El Centro Comunitario Pablo Coudouy, del 29 de Septiembre era reflejo de eso. Entre todos y todas pujando hacia adelante, es posibles gestar frutos colectivos para incluir y construir socialmente. Sin olvidar jamás la conciencia social y la memoria colectiva, somos testigos del nivel de presencia y de unión con respecto al asesinato de Rafael Nahuel, el joven mapuche muerto hace ya más de un año. En cada calle y en cada pared, se encuentra un pedido de justicia por Rafita. No cesan las movilizaciones al Centro Cívico por parte de movimientos sociales y vecinos con sed de justicia.

A partir de esta experiencia hemos podido seguir descubriendo otras realidades. En sí, resulta chocante pensar que, en Bariloche, una ciudad cismada por el turismo y los lujos, pueda haber la desigualdad que vimos en El Frutillar. Es la cara que nunca se muestra y tampoco pretenden mostrar. Sentimos que pudimos fortalecer nuestra convicción lasallana, mirando y trabajando siempre por un mundo más igualitario, justo y solidario, siempre del lado de los más humildes y vulnerables.

Fueron días movidos, pero únicos. No nos son suficientes las palabras para agradecer la invitación. Y por sobre todas las cosas, por las preguntas y motivaciones encontradas.

¡Que viva Jesús en nuestros corazones!

Francisco Kovacic

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